domingo, 5 de febrero de 2012

Cartas para el Sr. Suicidio (Parte 1)


Mientras la mañana daba el paso a la puesta del sol, Sofía con su  mirada taciturna y tez blanca miraba a través de la ventana tras haber alcanzado un asiento en el tren, rapidamente empieza a hacer un recuento de la programación de las actividades que tendrá durante el día, será una jornada agitada ya que habrá clases, entrega de tareas, una cita con algunas amistades, para retomar el ritmo y a final de cuentas confirmar que el tiempo vuela sin dejar otra oportunidad.

Después de realizar su programación cayó en cuenta que no había encendido su reproductor de música portátil, a pesar de que tenía sus pequeños audífonos de color verde puestos, había sido tal su grado de concentración que la rutina de escuchar música de forma aleatoria la había dejado de lado, decidió ocuparse y con singular delicadeza sacó de su mochila un tejedor circular y una madeja de estambre para continuar con el tejido de un gorro, acto seguido encendió el reproductor con música ligera e inició con su tejido.

Ella era cuidadosa al momento de contar las puntadas y combinar los colores de su creación, así como al momento de pasar la aguja e ir acomodando cada uno de los tramos que confeccionaba con una gran pasión, ella se encontraba inmersa en sus actividades que tal parecía que olvidaba al tren repleto de almas que se dirijían a sus labores, los rayos del sol se posaban con singularidad en su rostro, sus ojos castaños reflejaban la ternura de una chica de 17 años, su vestimenta y maquillaje eran relajados y discretos, como la que utilizaría cualquier estudiante en temporada de invierno.

De igual forma portaba un gorro  con colores distintos al que elaboraba,ya que el que elaboraba era de unos tonos más vivos que al que traía que sin duda, también deberia de ser obra suya, ya que el estilo era similar, bien se podría observar un hilo que salía del resto del tejido, dejando a todas luces evidente su manufactura artesanal, pero dando una impresión de ser un regalo más bien personal e íntimo.

A la par de la cuenta de sus hechuras, pensaba en el regalo que elaboraba para Benjamín, aquel chico con el que compartía gustos y horas de pláticas, la mayoría de éstas se centraban en música, ellos no coincidían en gustos de géneros, pero sabían que al abordar el tema pasarían un rato agradable que se disfrutaría aún más con una comida ligera y un café; cuando ella era niña, se imaginaba a alguien con el físico de él, un chico delgado y alto, con ojos grandes y cejas definidas, lo único que no se imaginó, pero le fascinaba era el tamaño de sus pestañas.

Ella empezó a tejer, por que un día cayó en cuenta que tendría un mayor significado tocar cada uno de los hilos del estambre y el hecho de que se cruzaran para formar cada uno de los puntos de la pieza,  simbolizaría el cómo sus caminos de igual forma lo habían hecho en determinado espacio, tiempo y lugar, cómo si de forma predestinada desde su infancia Sofía hubiera realizado un pacto con el destino para que a sus 17 años encontrara al amor de su vida.

El tren llegó a su terminal, por lo que Sofía tuvo que guardar rapidamente su tejido y concentrarse ahora en los rápidos pasos que tendría que dar para llegar a su destino.